Fundaciones
FUNDACION CIMIENTOS
Fundación Cimientos es una organización sin fines de lucro creada por un grupo de profesionales con la convicción de que la educación es la herramienta por excelencia para superar el círculo vicioso de la pobreza - falta de capacitación – exclusión social.
Durante el año 1997 se realizó un diagnóstico que, sumado a la investigación de campo realizada por los profesionales de Cimientos, dio los primeros lineamientos para decidir los cursos de acción más efectivos para contribuir a resolver las necesidades detectadas en el sistema educativo. De allí nació el Programa de Becas Escolares, que hasta ahora se ha desarrollado en forma ininterrumpida y creciente. También se esbozaron otras ideas y programas que forjaron el enunciado de la misión de la Fundación. Así nació, el 13 de octubre de 1997, Fundación Cimientos.
Para conocer mas acerca de CIMIENTOS, Fundacion para la Igualdad de Oportunidades Educativas visitá la pagina en www.cimientos.org.
EDITORIAL
Estar en la escuela
Diversas notas de periódicos argentinos muestran cómo la ley de 180 días no logra cumplirse en cada una de las jurisdicciones; por ejemplo, en 2008 se publicó una nota que detalla los días de paro realizados en las distintas provincias, aclarando que, a casi cuatro meses de la finalización del ciclo lectivo, sólo 12 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires podrían alcanzar con la meta que la ley establece. Sin embargo, analizar la cantidad de días de clases sólo en términos de los paros docentes realizados deja por fuera otras tantas variables que inciden en los días que alumnos y docentes concurren a las escuelas para enseñar y aprender.
En la presente nota intentamos ampliar la mirada y develar cuántas otras situaciones están afectando la educación de los niños y jóvenes de nuestro país. Con ese objetivo compartimos con ustedes las experiencias, preocupaciones y reflexiones de los distintos actores que participan y trabajan en los programas respecto a la importancia de estar presente en la escuela.
“La escuela es la única institución pública donde nadie está de más. En eso consiste la inclusión total: ingresar, permanecer y egresar haciendo del estar una experiencia dialogada de conocimiento”.
Rafael Gagliano (1)
Todos los días se pone en juego el derecho a la educación que niños y jóvenes poseen. ¿Qué ocurre cuando no van a la escuela? Las reiteradas suspensiones de clases quiebran la secuencia y la progresividad planificada para la enseñanza, ocasionando que se pierda la continuidad y se fragmenten los aprendizajes. Por otra parte, “a menor tiempo de enseñanza, menos oportunidades de aprendizaje” (2), a menos días de clases, mayor es la necesidad de compensar ese tiempo mediante estrategias que tengan un sentido y un contenido educativo, para no comprometer los aprendizajes.
Si bien es imposible atrapar en pocas palabras la infinidad de situaciones que en la escuela se suceden, en esta nota se registran algunas impresiones respecto a las diferentes formas de estar presente en la escuela: ingresar a la escuela, estar en la clase, quedarse ante las puertas cerradas de la institución, no hallarse, encontrarse…
En el Operativo Nacional de Evaluación (3) del 2000 se realizó la siguiente pregunta: ¿En qué medida el ausentismo (ausencias injustificadas) de los alumnos/as representan un problema en su establecimiento? Más de un tercio de las escuelas privadas y públicas que contestaron lo consideraron una problemática bastante o muy grave, sin que existan diferencias porcentuales significativas al analizar por provincia estas respuestas. Esta información corrobora que las inasistencias de los alumnos a la escuela representan un problema, sin embargo ¿constituyen una preocupación para las escuelas?, ¿qué acciones preventivas se generan?, los alumnos ¿son los únicos ausentes?, ¿hay distintas maneras de estar presente?
En la actualidad abundan las noticias sobre los problemas de infraestructura de las escuelas -techos que se caen, cortes en el suministro de gas-, a los cuales se suman los casos de comunidades que no cuentan con escuelas cercanas, de caminos que se vuelven intransitables por las lluvias, de escuelas que quedan aisladas durante varios días. Cada uno de ellos genera la suspensión de clases, al igual que los paros de actividades de docentes y auxiliares, que las faltas justificadas e injustificadas de los profesores y de los alumnos.
¿Cómo comunica la escuela la suspensión de clases? En algunas, cuando se ven obligados a suspender las clases por la inaccesibilidad del camino, el director, un profesor o un preceptor comienza una cadena de mensajes de texto avisando que los alumnos no concurran a la escuela. En otras, cuando los alumnos llegan a la institución se encuentran con carteles que informan “no hay clases”, aunque en muchas oportunidades la información también está ausente y es la escuela vacía la que evidencia que ese día nadie enseña ni nadie aprende… ¿Realmente nadie aprende? ¿Qué alumno se está formando de esta manera? ¿Qué se está enseñando?
Los docentes de muchas escuelas rurales, acostumbrados a las vicisitudes del clima, emplean el “cuaderno del día de lluvia", donde los alumnos realizan en sus hogares tareas previamente asignadas mientras sus maestros, lejos de ausentarse, aprovechan estos días para reunirse con los supervisores y mejorar sus planificaciones.
Más allá de los problemas de infraestructura y los factores climáticos, numerosos días al año alumnos y docentes se encuentran en la escuela, pero no siempre ese encuentro queda asentado en los registros de asistencia. La experiencia muestra en muchos casos que los docentes no acostumbran tomar asistencia ni utilizan estos registros como herramienta de trabajo. Así, varios de ellos manifiestan que no llevan una cuenta acabada de los índices de ausentismo o no toman lista ellos mismos porque confían en la información -un papel en blanco “no oficial”- que circulan, firman y devuelven los alumnos. Las informalidades que giran alrededor de las inasistencias parecerían reafirmar su negación, no registrar siquiera la problemática como tal.
La misma negación del problema se reitera en el caso de las ausencias de los docentes. Son muchos los que hacen un uso de las reglamentaciones –implementadas para resguardar sus condiciones laborales- que perjudican las posibilidades de aprendizaje de los alumnos. Algunos directivos explican que muchos docentes faltan porque “no aguantan la situación, la problemática social que atraviesan los alumnos”. Estas afirmaciones sugieren que los alumnos no tienen pautas de conducta instaladas como “aquellos” que los docentes tienen en su memoria. Por otra parte, los docentes contabilizan sus propias faltas sólo cuando la ausencia es injustificada. De esta manera se deja de visualizar la suspensión de clases en todas sus causas, en todas sus dimensiones, naturalizando la ausencia de los profesores, quienes reconocen: “no hay una semana en la que estemos todos, siempre queda un aula vacía”.
Las familias también sostienen con sus acciones una lectura particular sobre la asistencia de los chicos a la escuela, mediada por la (im)posibilidad económica de enviarlos todos los días, por necesitar que alguno de ellos cuide a los más pequeños, por la ausencia de calzado para todos -en muchas casas un único par de zapatillas rota entre los niños de edades similares, ocasionando que también roten los niños su asistencia a la escuela y que, luego de un día de lluvia, ese par deba secarse y no pueda ser usado-. Asimismo, muchos son los alumnos que no concurren a la escuela porque no hay nadie en su casa que los despierte o, quien se encuentra, tampoco desea levantarse para realizar esta tarea.
¿Qué sienten los alumnos ante las ausencias propias y de los docentes? Por una parte, señalan la decepción cuando llegan a la escuela –en muchos casos, vuelven luego de haber abandonado sus estudios- y los docentes no están para recibirlos, para hacerse responsables ante ellos, para cumplir su rol y dar significado, a su vez, al rol de alumno. Es, en gran parte, la mirada del otro la que evidencia la propia presencia. ¿Qué sucede cuándo ni la mirada ni el registro oficial “toman nota” de la asistencia? Una alumna manifiesta ir a la escuela, sin embargo no se anota en “la lista” y esto origina que “le pasen las faltas”. Otros alumnos cuentan que piden explícitamente que “les tomen lista”, aunque sea un día de lluvia y “las faltas no corran”, aunque las ausencias en los papeles no sean las mismas, en términos de cantidad, en el registro ni en el boletín. Las reglas no están ausentes sino que, pareciera, se volvieron inconsistentes.
En este marco (desdibujado) de reglas estar presente también es “estar, pero no estar”, “no pescan nada”, al contrario de aquellos que “están en el edificio y no en un aula”, “están, pero molestan” y “es un problema que estén”. Así, se problematiza la presencia y se niega la “ausencia”, como en los casos en que los alumnos afirman estar concurriendo a la escuela cuando durante el año faltaron más de cincuenta veces. El sistema educativo y sus regímenes de asistencia y puntualidad, reafirman y avalan estas impresiones, y obligan a formular más preguntas: ¿qué educación se habilita a partir de tantas contradicciones?
La sociedad actual coloca día tras día complejos desafíos en manos de la educación –algunos exceden la función de la escuela- dando por sentado algo “tan básico y natural” como que alumnos y docentes están en la escuela. ¿Están realmente en la escuela?
¿Qué alumno se está formando a partir del estar y no estar constante? ¿Cómo lograr una experiencia dialogada de conocimiento en el presente escenario donde alumnos y docentes se encuentran y desencuentran sin una continuidad clara para unos y otros? ¿Qué es necesario hacer? Animarse a cambiar las afirmaciones, pensar otras posibilidades para el encuentro entre un alumno y un docente en la escuela es el desafío que se presenta. Es necesario revisar los supuestos, reveer las naturalizaciones, repensar qué acciones se pueden desarrollar para que los niños y jóvenes puedan concretar su derecho a la educación. Tan necesario como que este no sea un final sino un comienzo para seguir reflexionando sobre este y otros temas.
Gagliano, R. (2005) “Esferas de la experiencia adolescente. Por una nueva geometría de las representaciones intergeneracionales”, en Anales de la educación común. Adolescencia y juventud. Año 1 números 1-2. Septiembre. Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, p.211.
Jacinto, C. y Terigi, F. (2007) ¿Qué hacer ante las desigualdades en la educación secundaria? Aportes de la experiencia latinoamericana. IIPE-UNESCO/Santillana. Buenos Aires, p.101.
Elaboración propia sobre la base de datos del Operativo Nacional de Evaluación del año 2000 - Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa - Ministerio de Educación de la Nación.

